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CONSUMO RESPONSABLE: COMERCIO ECOLÓGICO Y JUSTO

A lo largo de la historia, el transporte de alimentos a largas distancias fue parejo a la mejora de los procedimientos de conservación: secado, ahumado, salazón, frío, salmuera,... Pero la llegada de otros procesos de conservación para productos lácteos, derivados del fruta, verduras, e incluso para alimentos precocinados trajo consigo la era del envase y del los alimentos "viajeros". En la actualidad, la generación de montañas de basura y el coste energético del transporte suponen un grave problema ambiental.

De igual manera, cuando algunos alimentos ecológicos llegan al consumidor por los cauces convencionales pueden haber triplicado el precio que se le paga al agricultor, además de generar parte del problema arriba indicado. Abaratar los precios finales, a la vez que pagamos de forma justa al productor, pasa necesariamente por la utilización de los circuitos cortos de comercialización. Estos pueden ser puestos de venta directa en mercados , donde el propio agricultor vende sus cosechas a los consumidores, o colectivos de consumidores, agrupados en asociaciones o cooperativas que adquieren sus productos directamente de agricultores, ganaderos, panaderos, etc..

Los circuitos cortos de comercialización permiten mejorar la relación calidad-precio, evitando los márgenes excesivos que soportan algunos productos ecológicos en el mercado, eliminando intermediarios de la cadena de comercialización y ajustando los precios a los costes reales de producción, facilitan el contacto directo entre productor y consumidor y potencian el desarrollo de economías locales.

En muchas ocasiones las redes de distribución y comercialización son tan complicadas que no dejan de resultar absurdas y en algunos casos poco rentables. Además, en determinados productos, son injustas y explotadoras al fijar precios y producción de antemano, sin asumir riesgos, marcando así todas las reglas del juego, que por supuesto van a su favor.

Se hace imprescindible estar bien informados y ejercer acciones de presión sobre determinadas empresas. La sensibilización de los consumidores por medio de campañas u otras acciones ha derivado en ocasiones en movilizaciones sociales consiguiendo hacer cambiar de opinión a empresas comerciales y a políticos de organismos internacionales.

Aunque no toda la culpa es nuestra, se hace al menos necesario tomar conciencia de que, nosotros como consumidores somos corresponsables de los efectos sociales y ecológicos que generan nuestros actos de consumo.

Además, cuando consumimos productos ecológicos, contribuimos a la potenciación de éstos apoyando su producción.

 

Garantía de calidad de los productos ecológicos

Las "ecoetiquetas" suponen un sello o aval de calidad ambiental del los productos que las llevan. Las hay oficiales y privadas, y diferentes según los paises y colectivos. Debe garantizar la ausencia de impacto ambiental durante el ciclo de vida del producto: fabricación, consumo y desecho.

El sistema de producción de la Agricultura Ecológica está regulado por normas de la Unión Europea, en las que se indican los procesos a realizar y los productos utilizables. El Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad Valenciana, quien supervisa todo el ciclo de producción y otorga la etiqueta identificativa apropiada, asegura al consumidor alimentos obtenidos según las normas de la Agricultura Ecológica (Reglamento CEE 2092/91).

Otra buena garantía es conocer directamente al productor - agricultor, saber donde y como se cultiva. La relación directa y conocer el grado de concienciación y exigencia que se tiene da mayor confianza, en esta época de marcas y publicidad engañosa. En realidad, con una legislación adecuada y unos productores concienciados estas marcas o sellos no serían necesarios.

 

Qué podemos hacer?

Un cambio drástico en los hábitos de consumo nos parecerá difícil o casi imposible, por eso lo mejor es ir poco a poco, sin olvidar avanzar cada vez más. En realidad podemos actuar en muchos ámbitos a lo largo del día: en casa, en el colegio, oficina u otro trabajo, en el transporte, la compra, etc.. La vida diaria está llena de pequeños actos que podemos y debemos ir cambiando, ya que las grandes hazañas son la suma de pequeñas decisiones.

Podemos informarnos y actuar en aspectos como el de la vivienda, a través de la bioconstrucción y sus aplicaciones: aislamientos, materiales, pinturas, etc. El interior de la casa también se puede adaptar: muebles y electrodomésticos, productos de limpieza e higiene, separación de residuos, consumos de agua, y por supuesto, de energía. La opción por energías más limpias se nos da cada vez más. En nuestra mano está el informarnos de cual es la más conveniente en cada caso.

Otra importante actividad en nuestra vida diaria es el desplazamiento: a pie, en bicicleta, coche, tren, autobús, avión..., de carácter compartido o individual, para ir trabajar o para viajar. Cada uno esgrime sus razones que generalmente se resumen en "mayor comodidad". Es cierto que los servicios colectivos deben mejorar, pero no menos cierto es que hace falta una mayor concienciación general.

En cuanto a los alimentos que consumimos debemos ser conscientes de dos cuestiones: en la actualidad contamos con una gran diversidad de alimentos que nos facilitan una dieta rica y variada, pero los sistemas de producción y de procesado también han aumentado convirtiéndose en otra actividad degradante del medio.

Comer de manera natural es cada vez más un necesidad. A las recomendaciones de los expertos en nutrición hay que añadir el perjuicio que supone la ingestión de grandes cantidades de productos químicos para el organismo. Además, ya se han señalado los problemas derivados de la agricultura química e intensiva para el medio ambiente.

Así, nuestra acción se resume en el rechazo a los productos cargados de aditivos o a los procedentes de explotaciones intensivas y contaminantes. La opción está en el consumo de productos ecológicos a través de mercados o colectivos de consumidores. Las grandes superficies también están incluyendo estos productos en sus estanterías pero habrá que ver si es solo una cuestión de marketing ecológico. Para empezar por libre es mejor informarse de las etiquetas que avalan estos productos y de quien dependen. De cualquier manera preguntar en su mercado, en su barrio o municipio, nunca está de más, y al menos deje constancia de su interés por estos productos.

Los envases permiten la distribución de los productos de consumo cotidiano con comodidad y rapidez, y en el caso de los alimentos tiene además una función higiénica. Sin embargo, el envasado se ha convertido cada vez más en una manera de reclamo y promoción del producto, imperando estos aspectos sobre sus funciones básicas. Debemos renegar de los productos de este tipo, envasados de manera superflua o con materiales no reutilizables o difícilmente reciclables. Es mejor optar por envases de mayor tamaño a los pequeños, y mucho mejor por productos frescos y sin envase.

También en el colegio o la oficina podemos optar por materiales con menor impacto ambiental: productos reciclados, sustancias no tóxicas, herramientas de trabajo no contaminantes, etc. Si la decisión en principio no es nuestra, podemos solicitarlos señalando y valorando sus beneficios. Además, hay conductas como el aprovechamiento de recursos y el no despilfarro de engrías y materiales que además de ser económicos son ecológicos.

La falta de cantidad y de calidad en la información ambiental disponible ha sido siempre un problema. Éste cada vez es menor, pero todavía debemos ser nosotros los que nos preocupemos en definir que productos son realmente ecológicos o en que medida lo son. Debemos ser conscientes de que ningún producto es totalmente inocuo para el medio ambiente, pero si que existen algunos con un coste ambiental reducido. Por ejemplo, tienen un menor coste ambiental no siendo deshechables, habiendo necesitado menos energía en su producción, o no conteniendo productos tóxicos o peligrosos para el medio ambiente. Pero además, deben poseer la misma utilidad y comodidad de uso y un precio similar que los productos que pueden sustituir. Si el precio es mucho mayor, cosa además innecesaria, estaremos restringiendo el consumo de estos productos a élites. El sobreprecio debería ser asumido en parte por los productores que a su vez deberían contar con incentivos económicos desde las administraciones.

El coste ambiental de una información ambiental insuficiente puede ser enorme. Pero la tarea es de todos; de los fabricantes, proporcionando una información veraz de sus productos, de las entidades sociales, creando canales de comunicación claros, y de la administración, facilitando la información necesaria de la verdadera situación y costes ambientales de una zona o país.

Otro acción fundamental es la educación. Crecer aprendiendo el coste ambiental que suponen nuestras acciones y respetando la naturaleza y al resto de seres que en ella habitan, supone una importante inversión para el futuro.


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