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EUTROFIZACIÓN
La eutrofización
o enriquecimiento en nutrientes de las aguas produce un crecimiento
excesivo de algas y otras plantas acuáticas, las cuales al morir
se depositan en el fondo de los ríos, embalses o lagos, generando
residuos orgánicos que, al descomponerse, consumen gran parte
del oxígeno disuelto y de esta manera pueden afectar a la vida
acuática y producir la muerte por asfixia de la fauna y flora.
Algunas de las algas que se desarrollan anormalmente, especialmente
ciertas cianofíceas, emiten sustancias tóxicas que pueden
matar a los mariscos y peces, hacer que estos no sean aptos para el
consumo humano o, directamente, dar al agua sabores desagradables o
hacerla inadecuada para el consumo. El crecimiento de algas puede afectar
también al uso recreativo de embalses y lagos, a la circulación
del agua en ríos y canales y obturar los filtros de estaciones
de tratamiento del agua.
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Las
aguas superficiales reciben cantidades excesivas de nutrientes
por los vertidos urbanos e industriales y el arrastre de abonos
agrícolas
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El
exceso de nutrientes provoca un crecimiento exagerado de algas
y otras plantas acuáticas que al morir se depositan en
los fondos y superficie.
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La
descomposición de los restos de algas y plantas consume
el oxígeno disuelto en el agua y la capa superficial impide
la entrada de luz.
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En
el agua empobrecida en oxígeno ya no pueden vivir otros
seres: el río o el lago ha muerto.
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Las algas
se desarrollan cuando encuentran condiciones favorables: temperatura,
sol y nutrientes. En la zona mediterránea, a partir de la primavera,
la temperatura y el sol son suficientes, de forma que el crecimiento
de las algas queda limitado por la cantidad de nutrientes, especialmente
nitrógeno y fósforo. La erosión de la roca, la
descomposición de la materia orgánica silvestre y otros
procesos naturales producen, normalmente, cantidades limitadas de estos
nutrientes. Son, por tanto, los aportes humanos los que favorecen la
eutrofización.
Estos aportes
son de naturaleza muy diversa. Las aguas residuales domésticas
contienen nitrógeno y fósforo procedente, principalmente,
de las deyecciones humanas y de los productos de limpieza. Diversas
industrias producen también vertidos más o menos ricos
en estas sustancias. La actividad agraria es también una fuente
importante, especialmente por los abonos aportados a los cultivos y
los residuos originados por la ganadería.
Los residuos
domésticos y los industriales suelen estar bien localizados,
lo que permite la instalación de plantas de tratamiento y control
que limiten los vertidos a los cauces naturales, aunque no cabe duda
que resulta mucho más efectivo y económico reducir las
emisiones en origen, mediante la utilización de tecnologías
y materias apropiadas. En el caso de los residuos agrícolas,
a causa de su carácter difuso y muy irregular, la depuración
de los vertidos, la mayoría de las veces, no es aplicable, por
lo que se corre el riesgo de constituir la principal causa de eutrofización.
Ello obliga a tomar las medidas preventivas adecuadas, encaminadas a
reducir la fuente de contaminantes.
La principal
vía de entrada de los abonos en las aguas superficiales es a
través de la escorrentía, que los arrastra en su mayor
parte junto a las partículas de suelo. El contenido de fósforo
y nitrógeno en el suelo es más alto en las capas más
superficiales, las cuales son las más erosionadas. Además,
el proceso erosivo tiende a afectar más a las partículas
finas que son las que contienen la mayor parte del nitrógeno
y fósforo. Debido a esto, el sedimento erosionado tiene una mayor
concentración de nutrientes que el suelo del que proviene, para
el fósforo es frecuente entre 2 y 6 veces más y para el
nitrógeno entre 2 y 8 veces.
En las
aguas continentales italianas se ha comprobado que el 18 % del fósforo
procede de los abonos, el 13,5 % de la cría de animales y el
2 % de las tierras no cultivadas; una responsabilidad total de la agricultura
del 33,5 %.
En estudios
realizados en una cuenca con agricultura y ganadería muy intensivas
de Bretaña, se han observado sobrantes de 228 tm/ha de nitrógeno
y de 55 tm/ha de fósforo, debido a un exceso de abonado químico.
Estos sobrantes han conducido a multiplicar por 5 a 7 la concentración
de nutrientes en el agua durante los últimos veinte años.
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