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El nitrógeno
es uno de los principales contaminantes de las aguas subterráneas. Es
conocido que las plantas aprovechan únicamente un 50% del nitrógeno aportado
en el abonado, esto supone que el exceso de nitrógeno se pierde, generalmente
lavado del suelo por el agua que se filtra al subsuelo, siendo arrastrado
hacia los acuíferos, ríos y embalses, contaminando, por tanto, las aguas
destinadas a consumo humano. De hecho, en muchos trabajos de investigación
se ha concluido que el principal factor responsable de la contaminación
de las aguas subterráneas por nitratos es la agricultura.
Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en el Reino Unido, estimándose
que, con las tasas de fertilización normalmente recomendadas en ese país,
se producen pérdidas de 50-60 kg de nitrógeno por hectárea al año y, en
algunos lugares, llegan a alcanzar 100 kg. También se señala que, en la
misma área, del total de entradas de nitratos al acuífero, el 58% procede
de las actividades agrícolas. En Castellón, en cultivos de cítricos, se
llegan a perder hasta 250 kg.
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El
exceso de abonado nitrogenado produce la acumulación de nitratos
(NO3) en el suelo.
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Con
la lluvia o el riego el exceso de nitratos es lavado hasta los acuíferos.
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El
resultado es la contaminación de los acuíferos y,
con ellos, de los pozos.
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En general,
todos los autores parecen estar de acuerdo en que el exceso de fertilización
nitrogenada y su defectuosa aplicación, son las causas que más contribuyen
a la contaminación por nitratos de las aguas subterráneas.
En diversos estudios realizados en España se muestra que la contaminación
de las aguas subterráneas por nitratos afecta a grandes zonas.
Las áreas más contaminadas son, en muchos casos, aquéllas en las que se
practica una agricultura intensiva, con altos aportes de fertilizantes
y riego.
En la Comunidad Valenciana, la concentración de nitratos en las aguas
subterráneas supera en bastantes casos el límite de 50 mg/l establecido
por la CE. Esta situación es debida, principalmente, a las elevadas dosis
de fertilizantes nitrogenados empleados por los agricultores en esta zona,
muy superiores a las necesidades de los cultivos.
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EFECTOS
DE LOS NITRATOS EN LA SALUD
Sobre todo, el problema de los nitratos radica en que pueden ser reducidos
a nitritos en el interior del organismo humano, especialmente en los niños
de menos de tres meses de edad y en adultos con ciertos problemas.
Los nitritos producen la transformación de la hemoglobina a metahemoglobina.
La hemoglobina se encarga del transporte del oxígeno a través de los vasos
sanguíneos y capilares, pero la metahemoglobina no es capaz de captar
y ceder oxígeno de forma funcional. La cantidad normal de metahemoglobina
no excede el 2%. Entre el 5 y el 10% se manifiestan los primeros signos
de cianosis. Entre el 10 y el 20% se aprecia una insuficiencia de oxigenación
muscular y por encima del 50% puede llegar a ser mortal.
Una vez formados los nitritos, pueden reaccionar con las aminas, sustancias
ampliamente presentes en nuestro organismo, originando las nitrosaminas,
un tipo de compuestos sobre cuya acción cancerígena no existen dudas.
En las experiencias de laboratorio se ha comprobado que alrededor del
75 % de ellas pueden originar cánceres hepáticos y, aunque con menor frecuencia,
también de pulmón, estómago, riñones, esófago y páncreas. También se ha
podido comprobar que existe una correlación directa entre el consumo de
alimentos o aguas con exceso de nitratos y los cánceres gástricos y entre
el trabajo en las fábricas de abonos químicos y dichos cánceres.
Se ha comprobado que cuando las embarazadas ingieren cantidades altas
de nitratos se eleva la mortalidad durante los primeros diás de vida del
hijo, principalmente debido a malformaciones que afectan al sistema nervioso
central, al muscular o al óseo. También se han descrito efectos perniciosos
sobre las glándulas hormonales.
¿QUE PODEMOS HACER PARA EVITAR LA CONTAMINACIÓN CON NITRATOS?
PRACTICAR
LA AGRICULTURA ECOLÓGICA
La agricultura ecológica, al no utilizar abonos muy solubles, tiene mucho
menos riesgo de contaminar. Aun así se debe tener precaución con no aportar
dosis excesivas de estiércol y con el manejo de purines y gallinaza.
AJUSTAR LA DOSIS DE ABONOS NITROGENADOS
El exceso de abono es la principal causa de contaminación. Debemos reducirlo
al estrictamente necesario, pues un exceso no mejora el rendimiento económico
del cultivo, contamina los acuíferos y nos cuesta dinero.
Debemos tener en cuenta otros aportes de nitrógeno al suelo, como son:
· El aportado por el agua de riego, un agua con 50 ppm de nitratos puede
aportar 100 kg de nitrógeno por hectárea y año.
· El nitrógeno liberado con la mineralización de abonos orgánicos, rastrojos,
restos de podad, etc.
La suma de todos los aportes, incluidos los abonos, no debe superar las
siguientes cantidades:
· Cultivos hortícolas: 300 kg de nitrógeno por hectárea y año
· Frutales y cítricos: 250 kg de nitrógeno por hectárea y año
· Cultivos extensivos: 150 kg de nitrógeno por hectárea y año
APLICAR CORRECTAMENTE
LOS ABONOS NITROGENADOS
Fraccionar los aportes de nitrógeno y aplicarlo en los momentos en que
el cultivo lo necesita, evitando que el suelo contenga nitratos libres
que pueden ser lavados.
El abono se deberá fraccionar más cuanto más arenoso sea el suelo, pues
el agua circula más aprisa en los suelos sueltos que en los de textura
arcillosa (compacto).
Especial cuidado se debe tener con la aplicación de abonos solubles en
los periodos de lluvias, especialmente en otoño, cuando el riesgo de que
sea arrastrado es alto.
Cuando el cultivo cubre todo el suelo el abono debe aplicarse de la forma
más uniforme posible, pero cuando las plantas son pequeñas y hay una proporción
apreciable de suelo sin raíces que puedan absorber el nitrógeno es mejor
localizar el abono junto a las plantas.
MANTENER
EL SUELO CON VEGETACIÓN
Los
abonos verdes y las cubiertas vegetales toman el exceso de nitratos del
suelo evitando su pérdida. Cuando se incorpora el abono verde o se siega
la cubierta el nitrógeno vuelve al suelo en formas orgánicas difíciles
de ser arrastradas.
EVITAR RIEGOS
EXCESIVOS
El exceso de riego favorece la lixiviación o lavado de las sales del suelo
y por tanto la contaminación con nitratos. Una dosis ajustada de riego,
que sature únicamente la capa de suelo explorada por las raíces, evita
estas pérdidas, cuidando siempre que no se llegue a salinizar. Para ello,
con los sistemas de riego tradicionales (riego a manta, por surcos, etc),
debemos ajustar la pendiente del terreno a la longitud de las tablas de
riego y a la velocidad de infiltración del agua o acudir a sistemas de
riego localizado (exudación, microaspersión, goteo) o al riego por aspersión.
Igualmente importante es conseguir una alta uniformidad de riego.
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